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La uva de barco: un cultivo para la exportación

La uva de Mesa de Almería y los oficios antiguos que han conllevado su cultivo, producción y exportación no caerán en el olvido...

Los museos Provinciales de Terque rescatan esta parte importante de la historia de nuestra Comarca divulgando e investigando su patrimonio antropológico y etnográfico.

También organizan actividades periódicas como la Exposición "LAS MARCAS COMERCIALES DE LA UVA DE ALMERÍA" que se inauguró en el Palacio de Diputación y podrá también verse en Alhama.

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Exposición: "LAS MARCAS COMERCIALES DE LA UVA DE ALMERÍA"

La comercialización y venta en los mercados internacionales de la uva de Ohanes, desde sus orígenes en las primeras décadas del siglo XIX, provocó la necesidad de identificar el producto mediante diferentes etiquetas.


Las más antiguas, llamadas marcas, estaban hechas en cartón, cuero o zinc, y dejaban señalado el dibujo de su troquelado sobre la madera del barril cuando se le aplicaba tinta con una brocha. En las primeras décadas del siglo XX se introducen unas nuevas etiquetas impresas en papel, conocidas como cromos, que se pegaban sobre los barriles o las cajas.


Esta exposición aborda los antecedentes históricos de las marcas almerienses con descripciones de los aspectos etnográficos del proceso de etiquetado y ofrece un amplio catálogo de las marcas comerciales de la uva de mesa. Su estudio se complementa con la información aportada por las personas implicadas en esta actividad, así como con el análisis documental de los fondos del Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas (Madrid) y del Centro de Documentación de la Uva del Barco (Terque).


La colección de etiquetas del Museo es el resultado del trabajo de investigación que viene desarrollando en todos los pueblos uveros de la provincia sobre la cultura parralera. La conservación, conocimiento y difusión de las marcas comerciales de la uva de embarque supone la recuperación de un rico patrimonio cultural que nos muestra un tiempo de esplendor de la provincia de Almería.

 

"Su propia denominación, "uva de barco" nos indica que se trata de un cultivo con cierta peculiaridad: la de ser un producto agrícola destinado exclusivamente a los mercados extranjeros.

Las primeras referencias sobre envíos de uvas indican que fueron al mercado inglés desde el puerto de Málaga; de ahí que se la conociera como "uva de Málaga" como he recogido anteriormente. La clave de su éxito radicaba, como todos conocemos, en su aguante y resistencia que permitía grandes desplazamientos sin alterar sus cualidades.

La Crónica Meridional nos ofrece una rica información sobre los lugares de destino de este preciado fruto. Así, observamos que en el último decenio del pasado siglo, el mercado inglés, especialmente las plazas de Londres, Liverpool, Glasgow y Manchester, consumen cerca del 80% de la uva que se produce en la provincia de Almería.

Los primeros envíos de importancia en los que aparece uva de Alhama corresponden al año 1890, y procedían del Sr. Martínez junto a las uvas de los cosecheros de Ohanes, vapor "Carla" que las condujo a Londres por cuenta de los cosecheros. Los mercados de Alemania y algunos envíos a Estados Unidos de América completan el panorama comercial de estos años finales. (...)" (leer el artículo completo)

Respecto al parral en Alhama podemos decir que en los comienzos del siglo XIX "los primeros parrales de "uva del barco" se asientan, tímidamente, en su vega. (...) En el año 1949 Alhama contaba con 108 Ha cultivadas de parrales. En 1972, su vega se había ampliado hasta las 315 Ha y sus cifras de población, 2.854 habitantes en el año 1970, iniciaron su recuperación. Tras la depresión de la guerra y post-guerra la década de los años 50 marca el inicio de una leve recuparación de la economía uvera." (leer el artículo completo)

A finales del pasado siglo los parrales desaparecen casi por completo para ser sustituidos por la agricultura intensiva pero nos podremos acercar un poco más a este Patrimonio común visitando el Museo de Terque, museo dedicado a la divulgación e investigación del patrimonio antropológico y etnográfico. Entre otros hay que destacar el libro "La Barrilería en Almería: Materiales y Proceso Constructivo" cuyos autores son Alejandro Buendía Muñoz y Juan Salvador López Galán. Esta monografía, es el primer volumen de una colección que bajo el nombre de "El Tiempo de la Uva del Barco", seguirá estudiando todos los aspectos históricos y etnográficos de la Uva del Barco.

El Museo de la uva de Terque

Alejandro Buendía prepara el próximo libro sobre la uva de embarque
Alejandro Buendía Muñoz recopilando datos para la publicación relacionada con la uva del barco. (Foto: reunión de trabajo en casa de Joaquín Mercader y Antonia Muñoz Artés para "hablar de la uva del barco" en Alhama de Almería)
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Album de fotos

Asociación de Amigos del Museo de Terque

Amor Romera, Lourdes López, Alejandro Buendía y José Nicolás ayala

La uva de embarque supuso una revolución para zonas rurales como el Andarax, que vieron en ella la oportunidad de evolucionar de una agricultura de subsistencia a otra de mercado. Del cultivo de cereales, vid, olivo o moreras, se pasó al monocultivo de la uva de embarque en el siglo XIX.

La resistencia de esta variedad de uva le permitía soportar las largas travesías en barco hasta mercados como los británicos, americanos y otros europeos.

Los orígenes de la uva de embarque se sitúan en 1830, pero fue de 1860 a 1885 cuando alcanzó un importante desarrollo, viviendo su período de mayor esplendor de 1900 a 1914. El auge en la producción de uva de embarque hace que, en las últimas décadas del XIX, aparezca en Terque una nueva industria: los talleres de Barrilería. Este trabajo ocupará a los vecinos de Terque durante varias generaciones hasta mediados del XX.

Los barriles se hacían con tablas de madera de roble y más tarde de pino, llamadas duelas. Se construían barriles de dos tamaños: de 25 y de 12,5 Kg, siendo el de dos arrobas el más utilizado. El barril era la unidad de cuenta sobre la que se establecía el precio en los mercados de exportación uvera. En la década de 1960 la utilización de medios de transporte más rápidos por carretera o avión propiciaron la sustitución de los tradicionales barriles por un nuevo envase, las cajas o platones, más baratos y ligeros.

En 1875 aparecen las primeras referencias documentales que hablan de las barrilerías de Terque. En 1887, los barriles que tradicional-mente se venían utilizando, de madera de roble, fueron sustituidos por los realizados en Terque con madera de pino gallego, más ligeros y baratos. En 1899 los barrileros de Terque formaron una asociación. Ya en el siglo XX funcionaron otras barrilerías, como las de José López Guillen, Emiliano Abad y Francisco Alonso, todas en el Barranco; o la de la familia Yebra, junto al Molino del Lugar. La última barrilería de Terque fue propiedad de Francisco Alonso Martínez. Estaba situada en los terrenos sobre los que hoy se levanta la Plaza de los Barrileros. Los últimos barriles se hicieron a finales de los años 50.

Guillermo García Alarcón fue uno de los últimos barrileros de Terque. Nació en 1940 y a los 9 años ya trabajaba de aprendiz de barrilero. Trabajó hasta 1963 en diferentes barrilerías de Terque, Illar y Alhama. A través del relato de su vida de barrilero hoy conocemos como se desempeñó este oficio hoy olvidado.

Era un trabajo temporal: "se empezaba unos años en abril, otros en mayo o junio. Nos agarrábamos a trabajar cuando amanecía a las cinco o cinco y media de la mañana; a esta hora se tenían preparados los arcos, las maderas, las lumbres y se empezaba a dar martillazos. Se montaba un ruido tremendo ¡Ahora se iba a permitir eso!

Terminábamos a las 4 ó 5 de la tarde, casi 12 horas diarias. Para el desayuno se paraba diez minutos y en la comida menos de una hora. Cuando acabábamos la jomada, nos íbamos a la vega, a dar una vuelta a lo nuestro".

En cuanto al número de personas que trabajaban en la barrilería nos habla "de quince o veinte entre maestros, aprendigones y aprendices; también recuerdo la presencia constante de muchos niños. Se trabajaba en función de las demandas de la cosecha; si sobraban se guardaban para otro año. Se iba a destajo. Allí él que más barriles hiciera más dinero ganaba. Lo normal era hacer entre 40 y 60 barriles diarios. Yo normalmente hacía 60 ó 65. A veces llegué a 75".

Del salario asegura que "había una auténtica obsesión por el trabajo. El primer año que trabajé pagaban el barril terminado a 7 reales. Este dinero los repartíamos entre los diferentes operarios que elaborábamos el barril. Yo salía a un duro a la semana. A los tres años de aprendiz ya ganaba veinte o treinta duros ¡Con once años ya ganaba más que un hombre en la vega".

Una vez las limpiadoras tenían limpia la uva les tocaba a las embarriladoras envasarlas en los barriles. Estas iban colocando, alternándolos, capas de serrín de corcho y lechos de uva. Daban golpes al barril con habilidad para que se colara el serrín entre los frutos y así inundara todos los espacios. Junto a la embarriladora se colocaba el serrín de corcho en un orón, del que se iban sirviendo. El serrín protegía a la uva y actuaba contra la humedad. Son sólo algunos datos para conocer más acerca de uno de los motores económicos de la provincia durante el siglo XX. Durante la visita es imprescindible la visita al Museo y a la Alcazaba de Marchena.

Artículo publicado en la Revista UAL SIGLO XXI, septiembre de 2005